Soñar con tener oportunidades: Annie, el musical

Familias unidas en fechas navideñas, niños soñadores que aprenden sin prejuicios, artistas ilusionados por descubrir una nueva ciudad y luces apagadas, todo va a empezar. Hace unos días el musical de Annie llegó hasta Zaragoza para cantar, mostrar y hacer disfrutar a todos aquellos que apostaran por el teatro musical actual. En este caso, la historia iba un paso más allá de lo que ahora, con las nuevas tecnologías, estamos acostumbrados. 

Este musical se basa en Annie, un filme de 1982 dirigido por John Huston y coreografiado por Arlene Phillips. Esta película es una adaptación del musical de 1977 del mismo nombre y cuenta la historia de unas niñas huérfanas que solo viven para trabajar bajo la crueldad de la señorita Hannighan, quien se aprovecha de ellas para ganar dinero y satisfacer sus vicios. Annie, la niña protagonista, llegó al hogar de acogida cuando apenas era un bebé con la promesa de que algún día volverían a por ella. Sin embargo, no es así y acaba pasando la Navidad con un multimillonario. A partir de aquí, no voy a seguir explicando la trama porque quien quiera saber más, ya sabe que puede encontrar múltiples adaptaciones culturales o escuchar las famosas canciones de “Tomorrow” o “It’s the Hard Knock Life”.

En el Teatro Principal de la capital aragonesa solo había emoción y ansia por el comienzo del espectáculo. Los niños ya habían abierto sus bolsas de patatas, palomitas y refrescos. A su vez, los padres ya habían capturado el momento con los teléfonos móviles. Algo típico.

En el momento en el que se abrió el telón, el silencio llegó. Unas cuantas niñas posaban en las camas del orfanato y una niña pelirroja con pelo rizado encarnaba el papel de la protagonista. En la función del sábado a las seis eran Cristina Padilla y su joven talento los que eclipsaron al público que, en su mayoría, era la primera vez que disfrutaba de un espectáculo de este calibre.

La verdad es que a esta novedad, había que añadir que Zaragoza tampoco está acostumbrada a recoger musicales y este fue un soplo de aire fresco que acompañó al cierzo de más de 100 km/h. Pero oye, volviendo a la interpretación de las niñas: chapó por ellas y su talento. Todas ellas tenían magia, enganchaban y conseguían captar la atención de todo el mundo. Además, el resto de actores y actrices sumaron. Todos cantaban bien, adaptaban sus voces a los personajes y sabían lo que tenían que hacer en cada momento. Profesionalidad indudable. ¡Bravo, bravo y bravo! 

En la mayor parte del musical, el balance fue positivo. En cambio, hubo toques de incertidumbre, como el utilizar un perro real para alguna escena. Esto no terminaba de convencer. A todos nos daba pena el animal y que hicieran uso de él, pero seguramente tuviera una gran complicidad con la protagonista y es que hacía caso, no se asustaba e incluso parecía estar cómodo encima del escenario. Yo creo que era suyo y por eso, se decidió incorporarlo a la trama.

Además de esto, se echaron en falta algunos matices para que la producción y escenografía fuera redonda y es que parte de los decorados, que aunque fueron variados y diversos, no consiguieron tener el efecto total que se esperaba. 

En algunas partes, hubo personas que dudaron de la actuación en directo. Aun así, a mi me parecía real y de admirar. ¿Playback? Quizás. ¿Se notaba? No. Otro chapó para todos. Las voces no temían, eran acertadas y empastaban perfectamente. Por no hablar del vestuario… Creo que fue inmejorable. Había guiños a la película original, a la comodidad de los artistas, a la época y a la realidad que estaban interpretando. 

A rasgos generales, muy recomendado. Las palomitas se acabaron y los refrescos escasearon, pero las ganas de volver a repetir aumentaron. Fue el primer musical para muchos, pero seguro que después de él repetirá casi todo el mundo. Es más, al terminar, animaron a la gente a apostar por este tipo de actos, por descubrir con el alma nuevas historias y por observar los detalles del teatro musical que, siempre y sin dudarlo, lleva mucho trabajo y constancia detrás. Lo consiguieron. Algunos niños, a la salida, solo querían cantar y bailar lo que acababan de ver en escena. ¡No lo hacían nada mal! Esta es la magia del teatro

Eso sí, la historia de este musical es un golpe de realidad. Hay niños que no tienen oportunidades de vivir, de disfrutar, de ser felices y, sobre todo, de ser niños. A mi juicio, deberíamos tomar conciencia de ello y dar gracias de lo que tenemos. No sabes cuando te puede pasar a ti y, mientras otros estén en estas condiciones, la humanidad no avanzará. Pongamos de nuestra parte, ayudemos, y soñemos con un mundo lleno de oportunidades para todos. No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita. 

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