Fran Perea: “Todos tenemos un caballito de mar dentro”

El cantante, compositor y actor, Fran Perea, ha pasado por la capital aragonesa para presentar su libro Viajar la palabra y colaborar con su música en la gala benéfica que recaudaba fondos para proyectos del Síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales. Por este motivo, el artista ha recordado sus años encima de las tablas y la necesidad de sentir lo que estás haciendo en cada momento.

¿Cómo surgió esta invitación a la gala?

No sé cómo surgió, la verdad… Pero se pusieron en contacto con nosotros y el mismo día ya respondimos que sí. Me apetecía mucho venir a Zaragoza porque me encanta y, además, si era por una causa como esta, más todavía.¿Tiene algo de especial esta causa?

Sí. Son cosas que a mi me emocionan. Este proyecto lo empecé con un concierto para recaudar fondos en una causa benéfica. Nosotros tenemos la posibilidad de ayudar a la gente con distintas capacidades, en este caso para el Síndrome de Down, y realmente a mi me gusta y me llama la atención.

¿Hay alguna canción de tu trayectoria o de tu último disco que te haga especial ilusión cantar en este tipo de galas?

Sí. Por ejemplo, Mi caballito de mar habla precisamente de que todos tenemos un caballito de mar dentro y algo que nos hace especiales seamos como seamos y vengamos de donde vengamos.

¿Crees que los artistas, ya no solo los cantantes, deberían utilizar más esa facilidad que tienen para llegar al público para reivindicar este tipo de causas?

Sí, está bien. Debemos apoyarlas siempre, pero hay que tener cuidado de no meter la pata. A veces la gente no se informa de la causa y, simplemente porque eres conocido, te animas. Hay que informarse de las cosas, saber qué estás haciendo y ver un poco de qué va todo. Cuando me contactaron estuve investigando para qué era, qué programas hacían, donde destinaban el dinero… Porque creo que ha habido mucha manipulación y que hay gente que se ha beneficiado de la imagen pública de otras personas para llevarse dinero. Hay que ser también prudentes.

¿Puede haber una parte de postureo?

Claro, eso sí. Al final tiene que predominar el sentido común y si te comprometes con causas, lo ideal sería que no fuesen una diferente cada día. Al final, la audiencia se vuelve loca. Hay que administrarlo bien y hacer que las cosas que se hagan cobren la relevancia que se merecen. De verdad, debemos conseguir que lleguen las causas a las personas para que ayuden. Yo, personalmente, pienso que si todos los días hiciese esto perdería la relevancia que tiene y yo mismo dejaría de preocuparme tanto.

¿Es difícil enfrentarte al reto de componer un tema que, en un futuro, pueda convertirse en un icono?

Estoy pensando en mis canciones. Hice la canción La mirada de María después de los atentados del 11-M. Si lo haces desde el respeto y empatía poniéndote en el lugar de la gente que realmente lo está viviendo, yo creo que vas por el buen camino. Luego te puede salir una canción buena o un churro, pero a priori, si lo haces con respeto, vas bien.

Antes decías que para el mundo de la música no eras un cantante y para la industria del cine no eras un actor…

Ahora las cosas ya se van poniendo en su sitio. Al principio recuerdo que iba a galas musicales y tenía la sensación de que decían “ah mira, el actor”. Me pasaba lo mismo cuando me codeaba con actores. Yo era el músico y cantante para ellos. Por eso, tú siempre tenías que hacer un poquito más para ser guay y entrar en ese gremio. Con el tiempo, al final, se ponen las cosas en su sitio y a día de hoy en el gremio de la interpretación ya soy una persona que, más o menos, consideran actor. Por ende, en el mundo de la música ha sentado bien mi vuelta. Es diferente.

¿En qué medio te encuentras más cómodo?

Tengo suerte porque me puedo dedicar a ambas cosas. Para mi creatividad, va muy bien el cambio porque si me pego mucho tiempo haciendo algo, me empiezo a agobiar. Necesito cambiar y ponerme retos. Esto genera en mí algo muy interesante.

Has tenido la oportunidad de vivir las audiencias y su cambio. ¿Dónde estás mejor?

Me gusta estar en el teatro, luego hacer música o una serie. Ir cambiando. A nuestra generación le ha tocado vivir varios cambios potentes. Primero, y a mi concretamente, el paso de la televisión analógica a la digital y al uso de las plataformas. Yo soy, quizás, de los últimos éxitos de la televisión analógica con Los Serrano y es que esta serie tenía audiencias disparatadas y la gente te conocía en todos los lados. Ahora eso ha cambiado. Un actor de Élite tiene 2 millones de seguidores y si a gente de esta generación le preguntas “¿Quién es X actor?”, la mayoría no tienen ni idea. Se ha segmentado todo mucho. A mí me parece que está bien porque tiene que haber productos para todas las audiencias que ayuden a mejorar el contenido.

Luego está el mundo de la música. En mi primer disco vendí 600.000 copias, que ahora eso es impensable. Yo pillé la crisis gorda de la música, el nerviosismo de la industria y creo que eso me afectó para quitarme del medio por un tiempo. Ahora he visto que la música vuelve a los creadores y que no debe tener obligatoriamente a alguien detrás que te impulse en tu carrera musical. Podemos ir tirando con nuestros medios.

¿Sentiste presión durante estos ochos años que has estado sin sacar música nueva?

No, para nada. La única presión era la mía propia en algún momento dado, pero nadie me ha dicho cuando tenía que sacar cada cosa. He marcado mis tiempos. Me apetecía componer y sacar mi disco, aunque poco a poco.

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