Salarios desorbitados en el fútbol profesional: ¿En qué mundo vivimos?

El dinero no da la felicidad. Esta es una frase que estamos hartos de oír. Se ha repetido hasta la saciedad. Pero también hemos escuchado que la felicidad tampoco da dinero. Y parece que es cierto. Vivimos en un mundo donde lo más importante se ha reducido a unos cuantos trozos de papel, metal y plástico. Pero no seamos ingenuos: el dinero ayuda. Y mucho. No a las futbolistas, está claro, pues según un reciente estudio del sindicato AFE, la mitad de las jugadoras de fútbol no cobran un sueldo y el 31% menos de 500 euros. Solamente un 9%, la “élite”, cobraría entre 1.600 y 6.500 euros al mes. La situación es radicalmente diferente si hablamos de jugadores masculinos.

Es el caso de Cristiano Ronaldo, delantero de la Juventus de Turín. Según Forbes, el portugués se embolsa cada año 30 millones de dólares. Y según esta misma publicación americana, su fortuna podría alcanzar nada menos que 250 millones. ¡En qué mundo vivimos! Se lo diré yo: en uno donde un deportista -masculino- obtiene el cuádruple de beneficios que un profesional de la salud que salva vidas cada día. O que un científico que intenta descubrir qué hay más allá de nuestro planeta. O que un profesor que tiene la importante labor de educar a las diferentes generaciones. Lo repito: ¿En qué mundo vivimos?

La carrera de un deportista es corta, intensa y en ocasiones fructífera. Pero no me refiero a la del atleta, sino a la del futbolista. Quizá esta sea la razón por la cual tengan que conseguir una salario para toda la vida en muy poco tiempo. Sin embargo, ningún argumento consistente puede justificar la descomunal cantidad de dinero que cosechan. Sean lo buenos que sean. Especialmente teniendo en cuenta las desigualdades que continúan azotando a las sociedades contemporáneas.

El jugador brasileño Ronaldinho afirmó en una ocasión: “Al fútbol no se juega ni por dinero ni por fama, se juega por diversión”. No es por la fama, pero necesitan patrocinadores y protagonizar campañas de publicidad. No lo hacen por dinero, pero que sus cuentas tienen más ceros cada año es una realidad. Únicamente los hombres. Me pregunto una última vez: ¿En qué mundo vivimos?

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