El ciclo sin fin de El Rey León

Un mensaje de Whatsapp: “Viene el tributo de El Rey León a Barbastro, ¿vamos?”. Una hora más tarde ya se habían vendido las 499 entradas que el Auditorio del Centro de Congresos de la ciudad ofertaba. De esto ha pasado más de un mes y medio y por fin ha llegado el día.

Las expectativas están altas. Este es el único tributo autorizado del impresionante musical que lleva más de 8 años representándose en la Gran Vía madrileña. Llegamos puntuales, casi media hora antes, y tras escanear las doce entradas que conseguimos casi de milagro nos disponemos a buscar nuestros asientos. 7ª fila. No vamos a perdernos ni un detalle.

El escenario ya está preparado: un gran Sol naranja preside la escena, que también está decorada con algunas plantas tropicales y por la conocida Roca del Rey donde se presentó a Simba por primera vez ante todos los animales. He de decir que nunca me he considerado fan de esta trilogía, pero soy capaz de recordar la letra todas las canciones de las películas e incluso algún que otro diálogo. 

El teatro está abarrotado de niños, ansiosos por ver en escena a Timón y Pumba. En contraposición estamos los adultos, que me atrevería a decir que llenamos las 3/4 partes del espacio, y que somos los que de verdad estamos emocionados por ver a nuestros personajes de la infancia subidos en el escenario.

Las luces se apagan y los sonidos de la sabana llenan nuestros oídos. Tres bailarinas con grandes máscaras de león sobre sus cabezas irrumpen en la sala y se dirigen al escenario saludando a todos los asistentes desde los pasillos del auditorio. La melodía de El ciclo sin fin comienza a sonar en el momento que aparece Simba en escena. Su máscara, de expresión feroz, está cubierta de pelo dorado y es todavía más impresionante que la de las bailarinas. Cuando comienza a entonar las primeras palabras de la canción el escenario se llena de magia y me transporta a mi infancia frente la televisión rebobinando las cintas VHS de El Rey León.

Tributo de El Rey León

Las canciones se van sucediendo al mismo ritmo que entran y salen los personajes. Un total de siete cantantes desempeñan más de diez personajes distintos entre los que encontramos a Scar, Nala, Kiara, las hienas, Simba y Kobu. Las voces son tan impresionantes que pierdo la cuenta de las veces que me han puesto el vello de punta. Miro las caras de los niños que se sientan a mi lado y todavía están más fascinados -si cabe- que yo. 

Llega el momento de mi canción favorita: Yo voy a ser el Rey León. Todo el mundo canta y aplaude mientras Simba y Zazú representan una de las escenas más icónicas de estas películas. Me sorprendo cantando incluso las partes habladas, señal de que este musical está mereciendo la pena. Preparaos, La noche del amorÉl vive en ti abren boca para una de las melodías más conocidas y esperadas en el teatro: Hakuna Matata. Tras haber cantado y bailado todas las canciones de las tres películas de animación, Simba entona de nuevo El ciclo sin fin, que sirve como despedida del espectáculo.

Las caras de felicidad y entusiasmo se reflejan en el hall de la entrada y la pregunta “¿te ha gustado?” siempre tiene la misma respuesta afirmativa. No sabría decir si los más contentos han sido los niños o sus padres, pero desde luego nadie se ha quedado indiferente tras este espectáculo que nos ha permitido disfrutar y llenar aun más de magia estas navidades.

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